LOS DILEMAS DE LA “GUERRA” VS. EL NARCOTRÁFICO

 

traffic “Si hay una lucha contra las drogas, entonces varios de nuestros propios familiares son el enemigo. Y yo no sé cómo librar una guerra contra tu propia familia” sentenció el Zar Antidrogas estadounidense renunciando a su cargo en vivo frente a toda la prensa.

Lo anterior es parte de la desgarradora película Traffic (Tráfico), cuyo realismo en su visión sobre el narcotráfico en México y Estados Unidos le valió en el 2000 numerosas nominaciones al Oscar, incluyendo Mejor Película y Mejor Dirección, premio que a la postre ganó.

En la vida real, la crudeza de esta lucha es igual de desgarradora pero las implicaciones no son premios, sino el costo de muchas vidas.

Tal como en dicha cinta, sin embargo, tal parece que el Presidente Felipe Calderón y el Gobierno Mexicano no han comprendido quién es el verdadero enemigo en esta lucha contra el narcotráfico.

ninometralleta Y si el Presidente Calderón y el Gobierno no entienden que la verdadera guerra es contra una cultura de la ilegalidad, el crimen y la violencia que es parte de la misma sociedad, y no sólo contra los sicarios armados de los carteles, estarán condenados a perder la guerra y dañar más al país.

Lo anterior viene a colación porque el Presidente y su Gobierno, con tal de respaldar al Ejército y su lucha contra el crimen organizado (la cual pareciera haber sido usada también para ganar legitimidad en el poder), han utilizado una estrategia claramente contradictoria: exaltar la violencia y el armamento de las propias Fuerzas Armadas.

Un claro ejemplo es la indignante situación que pudimos a través de las diversas fotografías publicadas el fin de semana en la prensa nacional, en la cuales se mostraba a niños de primaria jugar con metralletas, bazukas, balas y cascos militares como si fueran “Barbies” o patinetas.

En efecto, en el marco del Día del Ejército, a alguien en el Gobierno se le ocurrió al parecer hacerle Relaciones Públicas a esta institución invitando a grupos de niños a visitar el cuartel de la II Zona Militar en Tijuana como si se tratara de una excursión a una fábrica de “Gansitos” o cuadernos “Scribe”.

ninometralleta2 Lo paradójico es que precisamente ese viernes, el Secretario de Defensa Nacional, Guillermo Galván, advirtió: “(si) se alarga en exceso el trayecto de la confrontación, no sólo se incrementará el número de víctimas inocentes, también se causará un daño adicional a la población, porque podría terminar habituándose a la cultura de la violencia y ésta genera distorsión a las percepciones colectivas”.

Es decir, el propio Ejército ve un riesgo de que debido a la lucha contra el narcotráfico la población podría habituarse a la “cultura de la violencia” y sin embargo ¿invita a niños de primaria a que jueguen a ser “soldaditos” con ametralladoras reales?

¿A nadie en el Gobierno se le ocurrió que esos niños, quizás sí crezcan con cierta admiración hacia el Ejército, pero que tal vez quieran también “seguir jugando” con esas armas y que seguramente las conseguirán más fácilmente (aún las de “uso exclusivo del Ejército”) en la calle, en los propios carteles que el Gobierno combate?

Otro ejemplo de esta clara contradicción son las polémicas imágenes del cuerpo del presunto narcotraficante Arturo Beltrán Leyva que se difundieron luego de que el Gobierno informara de su muerte.

Las fotografías mostraban el cuerpo semidesnudo con billetes encima, pareciendo que se quería dar un mensaje del estilo “el crimen no paga”, “así le va a los que delinquen”, como si más bien la muerte se hubiera dado en una balacera con un cartel enemigo y no con miembros del propio Gobierno.

Aunque el Gobierno Federal trató de deslindarse y “echarle la bolita” de dichas imágenes al personal forense del Gobierno de Morelos, es lógicamente muy poco probable que unas fotografías así pudieran tomarse y difundirse de la manera en qué lo fueron sin una autorización oficial.

El punto es que, con intención o sin ella, es evidente que dichas imágenes exaltaban aún más la violencia que supuestamente el propio Gobierno combate, condena y critica, por ejemplo, cuando se publican fotos de otros ejecutados en las páginas de los diarios.

En todo caso, si el Gobierno está tratando de hacer Relaciones Públicas y una defensa de la batalla militarizada contra el narcotráfico, tendrían que comenzar por preocuparse por otros detalles que impactan en la credibilidad de su mensaje.

Y en que en este terreno de la percepción y la “lucha mediática” por convencer a la población que está haciendo lo correcto, el Gobierno también tiene un importante problema de confianza y credibilidad que debería de atender.

portadaproceso Éste quedó evidenciado, por ejemplo, con la portada que el semanario político Proceso, el más influyente del País, publicó la semana pasada. Con una foto del “Chapo Guzmán” y el titular “Intocable”, la revista daba lugar a un reportaje que señalaba la percepción de que poco ha hecho el Gobierno para combatir a este presunto delincuente y su grupo.

Hechos que tampoco ayudan en nada a esta percepción oficial, es que inclusive miembros del propio partido en el poder, como el panista César Jáuregui que busca la alcaldía de Ciudad Juárez, Chihuahua, denuncien públicamente (como lo hizo en una carta en diciembre a Manuel Espino o en días pasados a la prensa) que personal de la propia PGR sí protege al “Chapo”.

Tampoco ayuda a la credibilidad que, justo antes de un proceso electoral importante, en Michoacán se haya capturado a varios políticos por presuntos nexos con el narco, para meses después liberarlos porque no pudieron comprobar su responsabilidad.

Todo esto, mientras otros gobernantes también del mismo partido en el Gobierno, como el Alcalde de San Pedro, Nuevo León, Mauricio Fernández, escandalizan al País con sus declaraciones sobre su “visión” del narcotráfico, sin que haya mayores repercusiones.

Fernández tuvo notoriedad el año pasado cuando unos audios de su campaña donde decía que los Beltrán Leyva estaban de acuerdo con su plan de seguridad municipal se filtraron a la prensa. Después, al tomar posesión, sorprendió al anunciar la “ejecución” de un secuestrador, horas antes de que apareciera su cuerpo en el DF, precisamente con el sello del “Jefe de Jefes”, el apodo de Beltrán Leyva.

El Gobierno Federal reaccionó a este hecho tarde y sólo con declaraciones que enfatizaban que no debía de haber nadie fuera de la Ley (único ángulo del discurso de Fernández que comentaron). Días después, fue también unas horas a comparecer como testigo a la PGR y el asunto al parecer se cerró.

No digo, desde luego, que estos hechos representen una complicidad del Gobierno en acciones ilícitas. Pero sin duda, en el terreno de la percepción pública son aspectos que restan, y que, tal como los escasísimos resultados públicos que se han dado en el sexenio en el combate al “lavado de dinero” (donde realmente le duele a los criminales), afectan la “credibilidad” del mensaje oficial.

portadauniversal Al final, yo coincido con el Presidente Calderón en algo: sacar súbitamente al Ejército de las calles y de la lucha contra el crimen organizado no solucionará el problema real de esta clase de delincuencia.

Sin embargo, para poder realmente avanzar en esta lucha, el Presidente y su Administración tendrían que preocuparse por luchar congruentemente vs. una “cultura de la violencia” en vez de promoverla.

Y si quieren ganar credibilidad y buena imagen, será mejor que comiencen a tomar acciones concretas en las áreas donde han dejado dudas.

Pero hacer a los niños “jugar a la guerra”, no es la solución, sino al contrario, pudiera fomentar más el problema.

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EL DESCARADO CINISMO DEL PRI Y EL JUEGO PELIGROSO DE CALDERÓN

El caso Gómez Mont está resultando muy útil para conocer a nuestros políticos mexicanos en el poder.

La renuncia del Secretario de Gobernación al Partido Acción Nacional ha escandalizado y ocupado buena parte de la atención de la clase política y los medios, aunque quién sabe si para la ciudadanía en general sea un tema de tanta relevancia.

Al final, el Secretario de Gobernación es parte del Gabinete del Presidente y es a él a quien debe preocuparle si le es efectivo o no. No obstante, hay un ángulo de este tema que nos atañe directamente a todos: las intenciones de los partidos.

El PRI, cínicamente, acaba de admitir ayer que sí había negociado con Gómez Mont y el Gobierno Federal el aprobarnos más impuestos a los mexicanos a cambio de que el PAN no tuviera alianzas electorales con el PRD en las elecciones estatales de este año.

El PRI es cínico porque se la han pasado diciendo que son un nuevo PRI y que responden a los intereses de los ciudadanos.

Pues bien: es un hecho que los diputados priístas no están respondiendo a los intereses de sus electores, sino están al servicio de los más oscuros intereses de sus Gobernadores feudales que tratan de impedir a toda costa la libertad en sus estados.

Para eso gastaron millones en campañas y prometieron miles de cosas a los ciudadanos, para después, burlarse de ellos y más bien pactar “en lo oscurito” (sino fuera por el escándalo Gómez Mont, no lo hubieran admitido) con base en intereses antidemocráticos de sus verdaderos “jefes”.

Y no es que no lo supiéramos o no sospecháramos de los verdaderos intereses que entran en juego en las “negociaciones” legislativas. ¡Es que asombra el descarado cinismo del PRI en admitirlo y que no pase nada!

Desde luego, otro interés que hemos visto es el del Presidente Calderón.

Hemos sostenido en Impresión Política que parece que el Presidente (como todos los partidos) ya está más preocupado por el 2012 que por la aprobación de sus propias iniciativas de reformas legislativas, y que estas son más bien sólo para aparentar o ganar puntos en imagen.

Pues bien, en efecto, el caso Gómez Mont nos demuestra que el Presidente Calderón no está tan interesado en la aprobación de nuevas leyes como en ganar elecciones.

La estrategia de Calderón y el PRD es muy lógica (y es de sobrevivencia): si no se ganan varios estados en este 2010, será muy difiícil pelearle al PRI la Presidencia en el 2012, porque es un hecho que la “operación” de los Gobernadores en sus entidades sigue siendo fundamental para las “elecciones”.

Es claro, además, que si el Gobierno y el PAN obtienen más posiciones, quizás hasta tengan un poco más de fuerza para negociar en el Congreso.

No obstante, habrá que tener cuidado, ya que también hay un riesgo en que el Presidente insista en ser el conductor de la estrategia electoral de su partido, mezclando demasiado el Gobierno con las campañas.

Esa película ya la vimos con Vicente Fox: inició mal con el desafuero y terminó peor con un proceso electoral sumamente desaseado, que hasta la fecha hace que la legitimidad (que no la legalidad) de los resultados electorales del 2006 haya quedado en entredicho.

El riesgo para el país es que quizás Calderón querrá seguir con la estrategia “hayga sido como hayga sido” pensando que es la única manera de derrotar al cínico y antidemocrático PRI.

Y en medio de cínicos, partidos antidemocráticos y gobernantes imprudentes, queda la Ley y los ciudadanos. Preocupante.

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LA CONSTITUCIÓN MEXICANA, NUESTRO DOGMA DE ILUSIONES

constitucion “En cumplimiento al… artículo 128 de la Constitución legítima de 1857, mismo que quedó en suspenso por la rebelión militar de 1876 encabezada por… Porfirio Díaz… se manda restablecer la observancia de la Constitución de 5 de febrero de 1857...”

Lo anterior no es un texto de un documento del siglo XIX, sino del XXI, de apenas hace unos días en enero del 2010.

Es, de hecho, parte del texto de una Declaratoria que reestablecería la vigencia de la Carta Magna de 1857, en lo que una nueva Asamblea Civil Constituyente integrada por ciudadanos redacta una nueva Constitución, debido a que, según su autor, la de 1917, que acaba de cumplir 93 años el pasado viernes, es ilegítima.

“El golpe militar de 1876-1910 o la revolución de 1910-1917, no son medios legales para asumir los poderes del Estado, en consecuencia una autoridad que es ilegal, no es autoridad y por tantos sus actos son ineficaces y nulos”, se explica, al tiempo que se invita al lector a sumarse como un “LEGISLADOR CIUDADANO”.

El autor de estos textos es un abogado mexicano de nombre José Alfredo Loredo, quien desde San Luis Potosí ha impulsado la idea con un par de blogs y artículos en la Red, afirmando que el sistema democrático y de partidos no le ha servido a México.

Pero Loredo no está sólo. El luchador social y ex Diputado federal también de izquierda, Mario Rojas Alba, ha encabezado desde Cuernavaca un movimiento para una nueva Constitución a partir de un proyecto que publicó hace casi 10 años, y ahora desde otro blog que funciona, según se explica ahí mismo, como una Asamblea Constituyente.

“La Asamblea Constituyente sesiona de manera permanente en este mismo foro (blog) todos los días; la primera Asamblea Nacional presencial, se realizará el 20 de noviembre, del 2009”, se puede leer en una entrada de febrero del año pasado en el blog “Congreso Constituyente de Legisladores Ciudadanos para una nueva Constitución Mexicana”.

nuevaconstitucion Así, mientras los políticos juegan a reformarla y enmendarla para “ganar posiciones” ideológicas y políticas en ella, otros ciudadanos piensan incluso en cambiarla por completo y hasta mandar a volar el sistema político actual. Sin embargo, el objeto del deseo es el mismo: la Constitución.

Y sí, unos quieren sustituirla, pero la verdad es que aun vigente en teoría, muchas veces sólo queda en “letra muerta” por los políticos y autoridades que se la pasan nombrándola pero son los primeros en incumplirla o en llenarla de “parches” según las tendencias sexenales.

Al respecto, el Coordinador de Derecho Constitucional del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Miguel Carbonell, escribió este sábado en El Universal:

“Tenemos la Constitución más anticuada y más reformada de América Latina. Desde el sexenio de De la Madrid se han modificado 287 artículos (muchos han sido alterados más de una vez; por eso es que el número es superior al total de artículos). Desde 1982 se han publicado 90 decretos de reforma, es decir, una casi cada cuatro meses durante 28 años seguidos. En los tres años de Calderón como Presidente se han publicado 21 decretos de reforma, es decir uno cada 51 días.

Lo que hoy día sea la Constitución nadie lo sabe.”

Aun así, como si el texto siguiera teniendo coherencia y se respetara al pie de la letra, todo el mundo quiere que la Constitución diga algo de sus intereses particulares y se amparan en ella para justificar los mismos.

Así, por ejemplo, hemos visto en estos días que Diputados impulsaban en Comisiones una nueva reforma a la Constitución para que el Artículo 40 establezca que el Estado mexicano es laico.

Esta sería una acción plausible, si no supiéramos que obedece más otra vez a un pleito político coyuntural de “izquierdistas” vs. “derechistas”, en donde ambos han actuado impositivamente “mayoriteando” en los congresos que dominan, imponiendo leyes con sus respectivos criterios morales, llevándose a la Política y a los ciudadanos entre las patas.

Pero sí parte de la “izquierda” quiere dejarle en la Constitución un “recuerdito” al Gobierno panista, éste no se queda atrás y también vimos al Presidente Calderón tratar de usar forzadamente a la misma para criticar a las leyes que le son incómodas como el matrimonio entre homosexuales en el DF.

Total, que todo el mundo la “usa” y quiere dejarle su sello a la Carta Magna, aunque luego pocos la cumplan. “Bueno”, dirán los abogados, es que ahí está el criterio legal para todas las demás leyes.

Pues claro, en el fondo, laico o no, el “dogma” de nuestro país pareciera ser la Constitución. Sí lo dice ella, tienes razón, si no, estás mal. Con ella, se defiende un tema y con ella misma se ataca.

Y es que si la Constitución es el “texto sagrado” que todos “alaban” pero nadie cumple, los magistrados de la Suprema Corte son ahora aquellos “sacerdotes” quienes como codiciados “oráculos” son los únicos facultados para decirnos si en sus letras, haya algún soporte para justificar nuestro pleito político de moda o no.

Lo curioso es que se supone que la Constitución no es más que la voluntad del pueblo soberano que quedó plasmada allí. Es un “libro sagrado” ¡que nosotros mismos hicimos! Aunque quizás por eso, nos conformamos con que la “voluntad” se quede escrita ahí y ya.

Muchas veces nuestra Constitución parece más un libro de buenos deseos y buenos propósitos, un enlistado de ilusiones: que está prohibida toda discriminación, que todos tenemos derecho a la educación de preescolar a secundaria, que tenemos derecho a la protección de la salud, a disfrutar de una vivienda digna y decorosa, etc.

Y no minimizo los avances en los diversos reconocimientos de derechos que se nos han hecho a los mexicanos en la Carta Magna, pero quizás a veces valga la pena pensar más en cómo cumplirlos y exigir su implementación que en sólo enlistarlos.

Quizás hace falta una nueva Constitución, como dicen algunos. No lo sé. Quizás hace falta seguirla reformando para adaptarla a la nueva realidad nacional. Quizás, lo único que haca falta es cumplirla.

Por lo pronto, los políticos siguen peleándose por modificarla o ganar en su interpretación y el movimiento de un nuevo constituyente civil mencionado al principio parece haber adquirido un nuevo talante según se ve: ha dejado de ser tan “ciudadano” para comenzar a ser aprovechado por “viejos lobos de mar” o mejor dicho “de la política y los sindicatos.

En la reunión de este viernes 5 de febrero en el simbólico Cerro de las Campanas en Querétaro donde se discutiría “La Ruta para la Construcción del Congreso Social hacia un Nuevo Constituyente” los que más acapararon la atención pública fueron Martín Esparza y Francisco Hernández Juárez, líderes del Sindicato de Electricistas y Telefonistas, respectivamente.

En fin. La Constitución parece ser esa joven que todos desean, pero que todos querrán usar a su conveniencia, cambiarla a su modo, y todo para luego terminar siéndole infiel.

Claro, a diferencia de una “pareja” real, ella no se puede quejar… pero que si hablara…

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LA “POLÍTICA REALITY SHOW”

Carlos Salinas se equivocó: no se trata de la “política ficción”, sino de la “política reality show”, la “política farándula”.

Ahora, más que nunca, en la era de los “reality shows”, ser político no parece tener nada que ver con ser un servidor público eficiente sino más bien con ser una figura popular entre las masas.

Qué importa conocer las leyes y respetarlas, qué importa dar resultados, cuando lo que verdaderamente cuenta es retratar bien ante la cámara, salir en las revistas de sociales o ser lo más visto en Youtube.

Quizás siguiendo el ejemplo de varias figuras de la “farándula” cuyos escándalos saturan nuestras pantallas y diarios para seguir la máxima de “no importa que hablen de ti, el chiste es que hablen”, un parte de la clase política mexicana ha comenzado a seguir el ejemplo de que lo que más vale es el “rating”, no la “calidad” del trabajo.

Eso debe pensar al menos el Alcalde panista de San Pedro Garza García, Nuevo León, Mauricio Fernández, que tras escandalizar al país hace unas semanas por anunciar el asesinato de un secuestrador incluso antes de que, en efecto, se encontrara el cadáver, ahora afirmó que está interesado en buscar la Presidencia del país en el 2012.

Lo más interesante es el argumento que Fernández utiliza para expresar que podría ser un candidato a la máxima responsabilidad política del país: simple y sencillamente, la “notoriedad”.

“Sé que en buscadores de internet como Google o Yahoo traigo como siete millones de búsquedas, y por decirte, sé que López Obrador trae dos millones y pico, que Peña Nieto dos millones y pico, y Juanito otro tanto, Beatriz Paredes otro tanto” (Milenio Diario, 30 de enero), afirmó Fernández sobre su supuesta popularidad en la Red.

Otro ejemplo y también de esta semana es el del Diputado Federal del PRD, Ariel Gómez, quien se hizo también famoso a nivel nacional por hacer declaraciones racistas en el programa de radio que, por alguna razón alguien, le dio en su estado, Chiapas.

Recriminado de inmediato por sus propios compañeros de emisión sobre lo que pensaría la audiencia luego de que realizara comentarios de mal gusto contra los damnificados del temblor del Haití, el legislador se rió y dejó en claro su estrategia:

“Les digo una cosa: a mí me vale que no me quieran algunos, pero yo no quiero que me quieran, yo quiero que me oigan, el negocio de esta radio no es que me quieran, es que me escuchen y si eso es le causó “encabronamiento”, me vale guango” (Reforma, 29 de enero).

Y así. Eso parece ser todo hoy en la política: ser conocido, estar en los medios, que la gente conozca tu nombre. Punto.

Eso debe haber pensado Juanito, ese personaje de la política que nos endilgó Andrés Manuel López Obrador, cuando, como Mauricio Fernández en el Municipio más rico del país, pensó, pero desde la Delegación más pobre del Distrito Federal, que su creciente notoriedad le podría llevar también a Los Pinos.

“Yo voy a competir en 2012 y que gane el mejor. Andrés Manuel ahora sí no se la va a creer, lo puede checar en todos los medios, en todos los periódicos, en todas las televisoras, incluso a nivel nacional, mi popularidad está creciendo” (La Razón, 25 de agosto), afirmaba el activista del PT en su momento de mayor “rating”.

“Es que salgo mucho en la tele” parecía pensar Rafael Acosta (el hombre detrás del personaje de Juanito). Y tal vez algo muy similar debe haber pensado alguien del Partido Social Demócrata cuando en las elecciones pasadas ese partido quiso hacer de Silvia Irabien, “La chiva” una candidata a Diputada.

Y no es que Irabien no tenga derecho, como cualquier mexicana o mexicano, a ser candidata de elección popular, es que sus habilidades o conocimientos para el servicio público, si es que los tiene, son virtualmente desconocidos a nivel masivo.

En contraste, lo que se conoce de ella en la opinión pública es que se besa en revistas con otras mujeres de la farándula, que apareció en el reality show de Televisa “Big Brother”, y claro, ahora, que es el papá de su hija es el hombre que intentó asesinar al futbolista Salvador Cabañas.

Pero bueno. Es que, hay que decirlo, los televidentes, ejem, perdón, los ciudadanos, también tenemos la culpa de esta situación por estar acostumbrados a esa relación paternalista de la televisión y los medios con su público en donde todo lo que nos den, nos lo “comemos”, sin preguntar o criticar.

La tendencia en la televisión moderna occidental son precisamente los “reality shows”, definidos como los programas en donde supuestamente se muestra a “personas reales” en contraposición con las clásicas emisiones de ficción donde se ve lo que ocurre lógicamente a “personajes ficticios”.

Es decir, la televisión de hoy se basa en ver las aventuras, desgracias, errores, vergüenzas de otros seres humanos como nosotros.

Los protagonistas más exitosos de los reality shows son frecuentemente lo más llamativos, los más notorios, sin importar si son los mejores.

Y sin embargo, esas personas, cuya “realidad” todos conocemos, salen del foro de televisión y se hacen “personalidades” instantáneas.

A diferencia de los “artistas” de antes, que eran reconocidos por su talento para el canto, la actuación o alguna habilidad estética, la fama moderna consiste en ser famoso únicamente por aparecer. “Esa persona es famosa porque es importante, y es famosa porque es importante”. Así, tal cual.

Quizás, por esa facilidad, Televisa parece haber decidido crear su propio “reality show” para llevar a la Presidencia a su propio candidato: el Gobernador Enrique Peña Nieto, a quien, muy probablemente, pronto veremos casarse con su coprotagonista “La Gaviota”, faltaba más.

Claro, la historia de Peña Nieto que nos quieren vender parece más telenovela (es lógicamente el sello de la casa productora) pero al final, sigue siendo un “reality show”.

Como televidentes, vale la pena recordar que la mayoría de los “reality shows” son al final un engaño, y no son tan “reales” como dicen, sino más bien siguen también un guión preparado para ganar “rating” y en donde invariablemente quienes más ganan son los “creadores detrás de cámaras”.

Y como ciudadanos también vale la pena recordar que los servidores públicos están para eso, para servirnos ellos a nosotros y que debemos elegir al mejor. Debemos recordar que a un artista le pedimos autógrafos, de un cirquero nos asombramos, de un patiño nos reímos: pero a un gobernante, le exigimos cuentas. Y son cosas, muy, muy distintas.

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"HE INSTRUIDO A MI GOBERNANTE… ¡A QUE SE PONGA A TRABAJAR!”

Anoche, mientras intentaba explicar a Joaquín López Dóriga los avances del caso Salvador Cabañas, el Procurador del DF, Miguel Ángel Mancera, usó LA FRASE para darnos confianza y de paso para exaltar su jefe, Marcelo Ebrard, quien fue él que dio “la instrucción”.

Pero LA FRASE no es propia de Mancera o de Ebrard. De hecho, es parte de los 4 o 5 frases que todo político mexicano aprende a decir en la “Escuela de Políticos ineficientes” en donde es requisito estudiar para gobernar en el País.

Y es que, empezando por el Presidente de la República (Calderón lo ha dicho varias veces durante el sexenio) y llegando hasta los Presidentes Municipales no hay político en México que resista decir la FRASE: “He instruido al ____________ para que ______________.”

En los espacios en blanco van palabras intercambiables según la ocasión.

En el primero, se coloca el “sujeto” o mejor dicho “el subalterno” que prueba que nosotros ya tenemos más nivel porque mandamos al alguien: Por ejemplo: HE INSTRUIDO… “al Procurador”, “al Secretario”, “a las fuerzas de seguridad”.

Y en el segundo va la “instrucción” que nos permitirá adornanos: “Para que realice una exhaustiva investigación hasta llegar al fondo”, “para que de ayuda a los necesitados por el desastre”, “para que actúe con todo el peso de la Ley y sin concesiones”, “¡caiga quien caiga!”.

Nótese que entre más melodramático sea el remate de la frase, más impacto causará y más efecto de “poder” y “utilidad” podremos demostrar.

Pero aquí el punto y la pregunta obvia como ciudadanos: ¿Pues qué carambas no es ese su trabajo? ¿No saben los funcionarios del Gobierno cuáles son sus responsabilidades y lo que tienen que hacer hasta que su Jefe “LOS INTRUYE”?

¿No es, por ejemplo, el trabajo de un Procurador actuar “con rapidez y eficiencia” para llegar "hasta el fondo del asunto” y aplicar “todo el peso de la Ley” en TODOS LOS CASOS? ¿No es lo que LE ORDENA la Ley?

¿O será acaso que nos quieren marcar que en ciertos casos sí se aplicará la Ley porque son “importantes” y porque todos los mexicanos sabemos que en los demás casos nunca se aplica?

Porque digo, si se trata de instruir, pues los ciudadanos ya los instruimos cuando los elegimos y cuando juraron respetar nuestras Leyes.

Pero si necesitan una nueva instrucción pues se las podemos reiterar: los intruimos de una vez y para siempre a que ¡se pongan a trabajar! porque no nos hacen ningún favor, ¡es su obligación!

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EL MATRIMONIO ARREGLADO ENTRE PARTIDOS

Las alianzas electorales entre partidos políticos rumbo a las diversas elecciones estatales de este año en el País han sido motivo de debate en los últimos días.

Diversos personajes políticos se han pronunciado sobre el tema, a la vez que este ha sido comentado en diversos medios de comunicación (no siempre ajenos a intereses políticos de los propios involucrados).

Sin embargo, algo ya tan normal en muchas democracias e inclusive en nuestra propia historia política como País, parece estar causando un revuelo inusual, que más bien parece evidenciar que ya estamos en plena carrera electoral y todos los pronunciamientos son ya de guerra propagandística.

cesarnavayjesusortega Foto: Marco Peláez de La Jornada

Debido al gran dominio del PRI en la mayoría de los estados del País y a la gran posición en que quedaría ese partido para el 2012 si vuelve a arrasar en los comicios, tal como lo hizo en el proceso electoral del año pasado, es lógico que la posible alianza que más "esté sonando" y generando interés en el morbo de los periodistas y políticos, sea la del PAN con el PRD.

De hecho, pese a que no se ha concretado ninguna de estas alianzas y tal vez no lo hagan, la mayor inconformidad hacia ellas ha venido precisamente de importantes figuras priístas, tales como la propia Presidenta del Partido, Beatriz Paredes, o el líder del tricolor en el Senador, Manlio Fabio Beltrones.

Paredes se pronunció esta semana contra las alianzas "que avergüenzan" y que sólo son "coyunturales... olvidando ideología y principios"; mientras que Beltrones calificó de "contranatura" una eventual unión electoral del PRD y el PAN en algunos de los estados que estarán en competencia.

Además de ellos, sectores de militantes "duros" de los propios partidos en cuestión han hecho sentir cierta inconformidad con que estas uniones puedan llevarse a cabo.

Y es que es evidente que, sobretodo tras el saldo del conflicto postelectoral del 2006, el PAN y el PRD parecen ser como dos rivales a muerte, es decir, Batman vs. Guasón, Supermán vs. Lex Luthor, Chivas vs. América, pues.

Por supuesto, esto podría ser matizado diciendo que los rivales más persistentes del Presidente Felipe Calderón y el PAN son en realidad los simpatizantes del movimiento lopezobradorista, cada día más cerca de otras expresiones políticas como PT y Convergencia, y más lejos del PRD que dirige Jesús Ortega.

No obstante, además del tema del 2006, hay otros asuntos de índole moral y también muy relevantes que dividen grandemente a estos dos partidos, como el matrimonio entre personas del mismo sexo y el permiso para que puedan adoptar niños, legislación recientemente aprobada en el Distrito Federal y cuya polémica aún está lejos de apagarse. En este tema, por ejemplo, Ortega sí se ha mostrado estar bastante lejos de la posición panista.

"Y sin embargo... se mueven", diríamos retomando la famosa frase atribuida a Galileo: pese a todo, las alianzas entre PRD y PAN, por ejemplo en estados como Oaxaca y Durango, parecen estar siendo al menos analizadas con cierta seriedad por parte de los liderazgos de ambos partidos sin descartarlas a priori.

El propio Jesús Ortega ha defendido la posibilidad acusando al PRI de estar de frenar las alianzas y afirmando que sí estás se hicieran serían "veneno puro" para los "cacicazgos" del PRI.

Por su parte, César Nava, Presidente del PAN, también ha defendido las posibles coaliciones argumentando que no serán "aventuras electorales" sino que buscan la "transformación de fondo".

Quizás por esta posición de Nava, alguien muy cercano al Presidente Calderón y quien fuera hasta hace unos meses su propio Secretario Particular, es que sorprende mucho la postura que estableció otra persona también cercana al Presidente, nada menos que el Secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, quien llegó a calificar las alianzas "sin contenido" como "fraudes electorales".

Aunque luego salió a rectificar, el testimonio de esta "esquizofrenia" y doble personalidad panista evidenció que las mentadas alianzas se están volviendo un tema sensible en la política mexicana.

Por supuesto, del lado del PRD, también hay una "esquizofrenia" matizada, evidenciada en el propio Andrés Manuel López Obrador que reitera, como siempre su oposición a cualquier alianza con el PAN y PRI, pero lo hace de una manera suave, tal vez para no entorpecer que su cercano Gabino Cué pueda, en efecto, ser beneficiario de una coalición así en Oaxaca.

La verdad es que la clase política entera sólo revela su gran hipocresía con este tema. Todos los partidos han hecho alianzas y las seguirán haciendo.

¿Qué dice el PRI de las alianzas si este partido era precisamente el Rey de las Coaliciones en las que agrupaba a todos los partidos chiquitos como el PARM (que desde Adolfo López Mateos a De La Madrid "postuló" religiosamente al mismo candidato del PRI para la Presidencia)?

¿Qué puede decir el PAN de las alianzas si precisamente llegó a la Presidencia en unión con el PVEM, sólo para "divorciarse" apenas meses después? ¿Era para una "transformación de fondo"?

O todavía peor: ¿qué decimos de las alianzas "de facto"? ¿No fue descarada la alianza del PRI y el PVEM en las pasadas elecciones legislativas? ¿No lo ha sido también el "matrimonio" de Calderón con Elba Esther Gordillo y su PANAL? ¿No tiene López Obrador en su equipo a muchísima gente del PRI o no se ha asociado con priístas como Manuel Bartlett?

Cuál fariseos en los tiempos de Jesucristo, los políticos se "rasgan las vestiduras" por las "alianzas", siendo que son una práctica normal de la política y ellos las hacen todo el tiempo. De hecho, hay muchas "alianzas" informales entre diversos miembros de distintos partidos que en la práctica operan sin importar las siglas y sin que todos los ciudadanos se enteren.

Es claro que una "alianza electoral" es una unión por conveniencia. De lo que se trata es de ganar una elección. Dos partidos, como dos personas, instituciones, países, asociaciones, etc. pueden juntarse para unir fuerzas cuando quieren derrotar a alguien más fuerte. No es nada del otro mundo.

De hecho, una de las definiciones que da la propia Real Academia Española de la Lengua para la palabra "alianza" es tan sólo esa: "Unión de cosas que concurren a un mismo fin". En este caso, el fin es derrotar electoralmente a un partido más fuerte. ¿Se vale? Claro. Es democrático.

Los ciudadanos tampoco debemos espantarnos por estas situaciones y debemos entenderlas cómo lo que son. Entre más "idealicemos" a los partidos y los políticos, entre menos entendamos su "juego" real, más difícil será pedirles cuentas y exigir resultados reales y concretos.

Al final, una razón por las que las alianzas electorales son en general más viables en los Estados y municipios que a nivel nacional, es porque a nivel local las "ideologías" no importan tanto como los "resultados". Seguridad, agua, pavimentación son factores de peso más reales que los conceptos políticos de libro, cuando se trata de elegir a mi autoridad más cercana.

Es cierto, las "alianzas" no son usualmente matrimonios de largo plazo. En todo caso, son "matrimonios arreglados" por interés, como aquellas bodas de los hijos de los reyes, que son unidos sólo por que conviene estratégicamente a sus padres.

Eso es así y hay que aceptarlo fría y pragmáticamente para cuidar también así nuestros intereses. Y perdón si decepciono a alguien, pero la política no es precisamente el mejor lugar para que busquemos el "amor verdadero". Al final, ¿qué podíamos esperar de los políticos: matrimonio "por amor"? ¡Ja!...

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2010: ¿RAZONES PARA LA ESPERANZA?

lucesbicentenario A estas alturas deben quedar pocos mexicanos que no sepan que este año, 2010, se conmemora el Centenario de la Revolución Mexicana y el Bicentenario de la Independencia.

Durante meses, los ciudadanos hemos sido “bombardeados” con propaganda que nos recuerda ese hecho y nos invita a unirnos a la gran “celebración”.

La clase política (el Presidente, el Congreso, los Gobernadores, etc.) y también empresarial (televisoras, por ejemplo) ya tienen listas las magnas fiestas para festejar  en grande. Habrá luces, cohetes, programas especiales, spots, parafernalia…

El Presidente Calderón, además, comenzó el año con un discurso sumamente optimista. En su mensaje del 6 de enero, afirmó que “2010 será el año de la recuperación económica” y que los mexicanos “celebraremos 2010 con orgullo por el pasado y con esperanza en el futuro”.

Sin embargo, quién sabe si el resto de los mexicanos tenga en verdad muchas razones para “celebrar” o siquiera para tener esperanza, como quizás hace 100 años, muchos mexicanos no compartían el pomposo festejo del Centenario de la Independencia que encabezó Porfirio Díaz.

¿Es que hay acaso en el panorama verdaderas señales para estar esperanzados? ¿Hay signos que nos permitan estar optimistas? Veamos:

 

LA ECONOMÍA: Los aumentos a impuestos como el IVA e ISR y a productos y servicios como las telecomunicaciones y la gasolina nos dejan claro que quizás si comience a haber una “recuperación” pero ¡no en el bolsillo de los ciudadanos!, sino sólo en las arcas del Gobierno.

El pueblo, en donde como país tenemos más del 50% de población en pobreza, será el último que comenzaría a sentir en carne propia una supuesta recuperación de la Economía, tal como, a la inversa, fue el primero que lógicamente comenzó a sentir el deterioro de la misma.

Las encuestas del Gobierno Federal lo muestran. Con la actual crisis, la ciudadanía comenzó a resentir el golpe a su economía muchísimos meses antes que los medios de comunicación empezaran a “reflejar” seriamente el tema en sus informativos.

(“Hipócritas”, les hubiera dicho Jesucristo. “Ustedes saben discernir el aspecto del cielo, pero no las señales de los tiempos” (Mt 16:3) o aplicado a este caso diríamos: “saben reconocer cuando hace mucho frío y lo publican, pero no cuando el pueblo ya comenzó a gemir por hambre”)

Quizás veamos este año que políticos digan o en algunos medios se nos “muestre” con “cifras macroeconómicas” que la cosa va mejorando, pero ciertamente se ve difícil que los ciudadanos no vayamos a sufrir mucho más para tener qué comer, pagar nuestras deudas, servicios o aún para tener empleos.

 

LA SEGURIDAD: La muerte del presunto narcotraficante Arturo Beltrán Leyva fue vendida por el Gobierno Federal como una buena noticia. Quizás en términos de lucha estratégica contra el crimen organizado lo sea, en efecto.

Sin embargo, para la seguridad cotidiana de los mexicanos, no parece que la situación vaya a cambiar mucho. A Beltrán lo sucederá otro (quizás incluso mediante un proceso de sucesión violento), pero la droga se seguirá vendiendo y sus ganancias seguirán comprando policías y autoridades de todos los niveles. ¿O hay algo que lo evite?

Además, si el Gobierno no pudo proteger a la familia del marino valiente que dio su vida en el operativo ni, apenas días antes, al “testigo protegido” que había declarado sobre la infiltración del Cartel de Beltrán Leyva en el más alto nivel de la PGR, es lógico que los ciudadanos se pregunten ¿podrá el Gobierno cuidarnos como es su responsabilidad?

Es difícil además que la estructura del crimen organizado sea desmantelada si nunca se atrapa a los empresarios que lavan dinero o a los políticos encumbrados que los protegen. Y no hemos visto señales en ese sentido.

 

LA POLÍTICA: Los estadistas escasean en México hoy en día y, en cambio, sobran los políticos y partidos que buscan velar sólo por sus intereses, sin importar cómo afectan a la ciudadanía.

Los niveles de corrupción en este país son altísimos, como a todo el mundo le consta, y en contraste son esporádicos y hasta inusuales los casos en donde esto se castiga.

En este año, lleno de procesos electorales por todo el país, no será evidentemente fácil ni esperable que vamos grandes “consensos” entre los partidos.

Después, además, ya viene el 2012 y los partidos y políticos ya tienen su propia “agenda” y no es, por supuesto, la de los ciudadanos.

Quizás veamos en el Congreso Federal alguna sorpresa en el área de la Reforma Política que el Presidente Calderón comenzó a impulsar desde el año pasado, pero no hay señales que muestren que este año será significativamente mejor que otros en materia política.

 

¿ESPERANZA? ¿No hay entonces motivo para estar optimistas? ¿Debemos esperar sólo lo peor?

Quién sabe. La respuesta dependerá más bien, como hace 100 o 200 años, de nosotros, la gente, la ciudadanía.

Quién sabe que procesos silenciosos constructivos para el futuro de la Nación se están llevando hoy a cabo por hombres y mujeres valientes de la sociedad.

En México somos mucho más que nuestros gobernantes. Somos un pueblo fuerte, con una fuerza laboral inmensa, con una creatividad sobresaliente, puesto en un terreno lleno de bendiciones naturales.

Quizás, como Francisco Madero en 1909, o como el cura Hidalgo y los otros hombres que se reunían con pasión por su país en la casa del Corregidor de Querétaro antes de Septiembre de 1810, hoy haya muchos mexicanos que “no se ven”, que no son “famosos”, pero que gestarán el futuro de México.

Y no me refiero a un nuevo movimiento armado. La violencia por naturaleza es destructiva, y lo que necesitamos es construir. Dios permita que ahora ya no lleguemos a eso, para encauzar los impulsos de cambio en el país. Pero urgen cambios pacíficos que nos lleven a un mejor rumbo.

Lo cierto, es que el futuro del país depende de todos, de nosotros y quizás no haya sólo que esperar “señales” para estar optimistas, sino que construirlas.

Quizás habría que comenzar este Bicentenario por leer, releer y conocer verdaderamente la Historia de México, en vez de cómo ciudadanos quedarnos sólo en la parafernalia vistosa. Prepararnos, entender, y no sólo “memorizar” nuestra Historia es indispensable.

La esperanza de México está en su gente. Seamos críticos como ciudadanos, analíticos e informados, inconformes, poco ingenuos; pero también emprendedores, entusiastas. solidarios para cambiar las cosas. Que si no lo hacemos, ni los gobernantes, ni los otros países, ni nadie lo hará por nosotros.

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