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¿QUIÉN ERA ESE TAL CARLOS MONSIVÁIS?

excelsiormonsivais  RESUMEN:

  • Falleció el escritor mexicano Carlos Monsiváis
  • Los medios se saturaron de elogios hacia él
  • Hasta parecería una exageración
  • Cómo explicar quién era y porqué se le extrañará

Tras la muerte del escritor mexicano Carlos Monsiváis este pasado sábado 19 de junio, la prensa publicó titulares tales como Monsiváis “conciencia de México”, “el cronista de México”, “la voz de la memoria popular” y hasta el “disco duro de la nación”.

También, abundaron expresiones de la clase de “irremplazable”, “deja un hueco en el país”, “inabarcable”, “muere una parte de México”, “¿qué haremos sin ti, Monsi?”,

Directores de prestigiados diarios nacionales lo recordaron como “Maestro”, otros hicieron guardia junto a su féretro, mientras otros periodistas, escritores, y personajes de la vida pública más, se apresuraban a presumir que habían contado con su amistad o a contar cualquier anécdota a su lado.

Para cualquiera ajeno a la obra del escritor capitalino, todo esto podría parecer una gran exageración o una aguda ironía (como las que precisamente abundaban en sus textos).

reformamonsivaisEs más, para las futuras generaciones que revisen los archivos hemerográficos, o incluso, para parte de la juventud actual, para quien Monsiváis si acaso será un gordito despeinado que les pueda parecer haber visto en televisión, las referencias a él y a su trayectoria, podrán generar quizás sólo escepticismo.

Y es que si no fuera por ser un intelectual plenamente identificado con “la izquierda” casi atea (a pesar de que él nació en una familia protestante y se sabía pedazos enteros de la Biblia), cualquiera pensaría que Monsiváis era algo así como un “profeta” o un líder de alguna secta religiosa, a quien se le rendía adoración.

Lo cierto es que para muchos, entre los que me incluyo, sí existe esa percepción de que con la muerte de Carlos Monsiváis, el país pierde mucho, muchísimo, pero… ¿cómo explicarlo a las nuevas generaciones o a quien no conoce aún su obra?

excelsiormonsivais3Quizás habría que comenzar por decirles que Monsiváis fue más que un escritor cualquiera o un “intelectual” más. Era más bien (aún a sus 72 años, cuando falleció) un joven curioso, sumamente divertido y rebelde.

No era un tipo de esos que se la pasara hablando aburridamente sólo de política. Más bien, su tema era la vida, la gente, la sociedad; le gustaba observar, escuchar, aprender, pensar.

Para él, para los textos que le encantaba escribir, era igual de importante un mitin político o discurso presidencial, que un baile de sonideros a media calle o un viaje en el Metro.

Y sí, allí estaba él, como un ciudadano sin poses, entre el público, en el Auditorio Nacional viendo a Luis Miguel; otro día, en un concierto de Gloria Trevi; luego, en la Cineteca Nacional, y quizás, después afuera de la Villa o un discurso en la Cámara de Diputados.

Era un devorador voraz de cine, y además de cine mexicano de la época de oro, el de Pedro Infante, el de María Felix.

Andaba y se metía en todo. Su gusto por el cine, lo llevó inclusive a actuar en una película y su gusto por la música hizo que letras suyas fueran grabadas como canciones por grupos mexicanos como Botellita de Jerez.

eluniversalmonsivais La congruencia siempre fue un activo con el que se le percibió. Quizás el que a la larga le dio la gran credibilidad de la que gozaba. Viniendo de un terreno ideológico de izquierda, sus actos (públicos, al menos) parecieron siempre estar alineados a lo mismo que defendía.

A diferencia de otros escritores famosos, viajaba en transporte público y seguía viviendo en una modesta casa de la Colonia Portales del DF, en lo que parecía hasta una provocación de austeridad.

En su aspecto físico, ejercía la misma provocación contra la noción de estética y moda capitalista: desalineado, sin corbata y siempre despeinado, se presentaba lo mismo en la televisión que en un recinto oficial.

Su irreverencia y sentido del humor quedaban siempre evidenciados como su esencia misma cuando eran emanados de cada palabra pública que solía expresar.

Y era demoledor, tremendo y profundamente divertido. Atacaba con su ironía de precisión quirúrgica toda contradicción que notara en su camino. Nadie se salvaba, ni el Presidente, ni los Diputados, la religión, la televisión, el deporte, la sociedad, y ni aún él. De ahí que muchos lo consideraran una especie de “conciencia crítica” del país.

lajornadamonsivais

Lo importante era que para muchos, aun especialistas en los temas que él tocaba, sus puntos de vista solían ser profundamente acertados y frecuentemente aportaba con una sencillez notoria, ángulos novedosos de información.

Era como uno de esos estudiantes sagaces, pues, que en la prepa o en la secundaria, podían desde el fondo del salón y sin mayores aspavientos, derrumbar las enseñanzas falsas de un mal maestro, expresando tan sólo dos o tres argumentos brillantes y contundentes que le valían la popularidad de toda la clase.

Claro, y es que además tenía esa habilidad especial que le permitía resumir y explicar con pocas palabras, conceptos que a otros nos llevarían libros enteros.

Y por supuesto, el carisma. Ese don de gente que hacía que fuera percibido como alguien “cercano al pueblo”, alguien genuino, alguien querido, confiable.

excelsiormonsivais2Con él no había celos entre periodistas, lo mismo podía escribir en Reforma que en El Universal, en Excélsior o en todos los diarios y revistas. Inclusive, podía salir en Televisa, sin que sus compañeros “de izquierda” radical le dijeran “vendido” o pensaran mal de él.

(Y cómo hacerlo, si él iba hasta allá pero en vez de ser burlado o ser convertido en un “trofeo” más de la TV que todo lo compra, resultaba siempre ser el burlador, como cuando asistió hace años a una emisión de “El Calabozo” de Televisa y les dijo frente a frente a los conductores que su programa era “la esencia de la televisión mexicana”. Ignorantes del sentido en que lo decía, los conductores hasta celebraron con aplausos y risas lo que creían un elogio, para días o meses después descubrir que había sido una crítica descripción de su pobreza discursiva.)

Con todas esas facultades, Monsiváis escribió cientos, miles de textos, ya que no fueron sólo libros sino innumerables artículos y crónicas periodísticas. Abarcó y defendió múltiples temas casi siempre relacionados con la defensa de las minorías, la libertad de pensamiento y la lucha democrática.

calderonmonsivais Quizás, paradójicamente, quien mejor lo sintetizó para las nuevas generaciones, fue la propia Presidencia de la República, quien desde su filiación de derecha política supo reconocer sinceramente su valor:

“…fue poseedor de una pluma y de una inteligencia excepcionales. Su obra literaria y periodística es referencia fundamental para comprender la riqueza y diversidad cultural de México.

Fue cronista y testigo de su época. Las crónicas, los ensayos, artículos y el pensamiento de este entrañable mexicano han sido esclarecedores para comprender a nuestro país y nuestro tiempo… los mexicanos extrañaremos la visión crítica, reflexiva e independiente de Carlos Monsiváis”

Y es que, si quizás haya inteligencias y aptitudes de análisis social como las de Monsiváis, será difícil encontrar a alguien con el suficiente margen para ejercerlas de manera tan influyente, gracias al espacio privilegiado que su talento, carisma y trayectoria le otorgaron tras décadas de brillante trabajo.

Por eso, extrañaremos a Carlos Monsiváis.

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LOS LIBROS Y LA POLÍTICA


En México la lectura de libros es mínima.

El bajo índice de lectura del mexicano promedio (menos de 3 libros al año, según algunso reportes, de hecho los más optimistas) hace extraño pensar que el escribir y vender libros, sobre todo políticos, sí es un buen negocio.

Y es que la escritura y venta de libros abarca a todo el espectro político, desde Carlos Salinas de Gortari hasta Andrés Manuel López Obrador, pasando por Vicente Fox, Martha Sahagún, Rosario Robles, Manuel Camacho Solís, Manuel Espino, Jorge Castañeda, Cuauhtémoc Cárdenas, etc.

Tal vez tenga que ver con que frecuentemente las figuras de la política mexicana se guardan sus mejores revelaciones (o las inventan) para sus libros.

Allí, bajo la excusa de que son sus memorias y ya sólo están recordando, o tal vez porque ahí sí tienen todo el control de lo que se imprime, suelen decir cosas que no se dignan contestar a los medios.

Así, los ciudadanos nos tenemos que enterar por los periodistas que a su vez tuvieron que ir a comprar su libro, de cosas que los políticos no se atrevieron o se atreven a decirnos de frente y claramente.

Las repisas de los periodistas y políticos se llena así de los "libros de moda", la publicación de tal político sólo para ver a quién le pega o qué dice.

Dichos libros logran usualmente en pocos días estar en la listas de lo más vendido en los Sanborns o las librerías más famosas.

Pero en unos meses o semanas suelen también estar obsoletos. A diferencia de una buena novela, un libro académico o uno de análisis más extenso, estos libros caducan en cuanto los chismes que contienen pasan de moda.

Tal vez, los políticos deberían donarlos a las peluquerías o a los boleros de zapatos urbanos cuando ya haya pasado su momento best seller para que compartan lugar con las revistas del espectáculo o nota roja.

Quizás si a un ciudadano común que no suele leer periódicos lo atraen hacía la política, podría sacarse un poco más de beneficio real de la "libromanía" de nuestra clase política.

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