FELIPE CALDERÓN, ¿UN PRESIDENTE DE OPOSICIÓN?

El Presidente Felipe Calderón parece ahora un Presidente de Oposición y no uno en funciones, un Presidente de denuncia y no de gobierno.

Al menos, así se ha mostrado últimamente, por ejemplo, con sus críticas a la Iniciativa Privada, acusando que varias importantes empresas del país no pagan los impuestos que deberían y que por sus cabildeos, no pasó su propuesta de Ingresos para el 2010.

De hecho, en las últimas semanas, Calderón se ha parecido más a Andrés Manuel López Obrador (el candidato con quien se enfrentó en las elecciones del 2006) que a nadie.

El actual Presidente pareció hablar en campaña sólo de soluciones técnicas para el país, mientras que la izquierda, y en particular, López Obrador, ha insistido (aunque con poca congruencia, a veces) en que el problema del país no es sólo técnico, sino también ético y pasa por el egoísmo de la clase política y empresarial.

Casi palabra por palabra, Calderón ha dado la razón y retomado un discurso que el candidato de izquierda ha enarbolado por años, sosteniendo que hay muchas empresas “priviligiadas” que no pagan sus impuestos ni ponen más de su parte para ayudar al país.

En realidad, el cambio de Calderón parece haberse manifestado desde su discurso de 3 aniversario de Gobierno, en septiembre, cuando, derrotado por el PRI en los comicios legislativos de medio sexenio, dio un giro en su discurso y en vez de seguir apostando por el “México posible”, afirmó que había que buscar el “México deseable”.

Esto quiere decir quizás que Calderón dio marcha atrás a su intento de negociar, con el PRI sobretodo, únicamente los acuerdos y reformas “posibles” de obtener consenso y de volver a elevar la mirada hacia los verdaderos retos de fondo que requiere el país, más allá de la coyuntura política.

Quizás, es que Calderón sabe que de todas maneras, tras las elecciones pasadas, el poder legislativo ya lo tiene el PRI y ya está resignado a que estará a su merced por lo que lo que le queda es tan sólo proyectar la imagen de un “transformador estadista” que por lo menos “intentó” hacer cosas, aunque la “Oposición” no lo haya dejado.

Quizás, también hay un elemento ético y moral en el asunto y esto puede ser interesante.

Calderón, miembro del conservador Partido Acción Nacional, podría tal vez estar acudiendo a sus valores y creencias, de una manera más firme, para encarar los grandes retos que le depara la segunda mitad del sexenio.

Al menos, algunas declaraciones públicas suyas podrían indicar eso:

Esta, por ejemplo, también de septiembre, donde Calderón, de manera quizás riesgosa para el Estado Laico pero, al parecer sincera, se lamentó que los jóvenes caen en las drogas por no “conocer a Dios”. Un tono que no había usado en el resto del sexenio.

"Una juventud que por sus condiciones sociales, familiares, educativas, por falta de oportunidades, tienen pocos asideros trascendentes que tienen poco que creer, que no creen en la familia, que no tuvieron; que no creen en la economía o en la escuela, que no creen en Dios porque no lo conocen… esta falta de asideros trascendentales hace, precisamente, un caldo de cultivo para quienes usan y abusan ese vacío espiritual y existencial de nuestro tiempo".

O esta, mucho más personal, en el aniversario luctuoso del ex Secretario de Gobernación y su amigo, Juan Camilo Mouriño el pasado 4 de noviembre, en donde el Presidente pareció esbozar en su discurso cierta envidia de la felicidad que él gozaba:

“Ahora que se han venido estos días y que lo hemos recordado tanto, he buscado llenarle de sentidos, de alegría, a mi propia vida y espero hacerlo más en el futuro”.

Sea como sea: estrategia, sentido ético, ambas, o que el pragmatismo del PRI y los empresarios fuertes del país lo pudieran haber arrinconado a un papel más limitado, parece evidente que este Calderón no es el mismo de los primeros tres años.

Y es un hecho que este cambio de actitud o estrategia, puede influir en el desarrollo del Gobierno y la función pública del país por lo que es un tema que nos atañe a todos.

Veremos.

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